Ladrillo por ladrillo: cómo los residuos pueden dar forma al futuro de la construcción

Existen ciertos símbolos que trascienden las barreras del idioma y son fácilmente reconocidos y comprendidos por personas de diversas culturas. Ejemplos de ello son los íconos masculinos y femeninos del baño, la cruz que simboliza la salud y, más recientemente, el símbolo universal del Wi-Fi. Entre estos íconos universales se encuentra el del reciclaje, concebido en 1971 por Gary Anderson, un arquitecto y diseñador que, en su momento, fue estudiante en la Universidad del Sur de California. Como un ciclo continuo, se trata de un triángulo con tres flechas dispuestas en el sentido de las agujas del reloj, cada una de las cuales representa a la industria, al consumidor y al reciclaje, respectivamente. Escrito por Eduardo Souza | Traducido por Agustina Iñiguez

Reintegrar lo que normalmente se considera residuo en el ciclo de producción es un principio fundamental de la economía circular. Este concepto es particularmente destacado en la industria de la construcción, que históricamente ha dependido de la destrucción y extracción de recursos para existir. Nada más simbólico que los ladrillos, que también representan la construcción de cosas nuevas, para aplicar los conceptos de circularidad. Mentes creativas han aceptado este desafío, creando soluciones que transforman materiales desechados en recursos de alto valor, generando una amplia gama de productos, que abarcan materias primas residuales involucrando desde algas marinas y plásticos hasta cabello humano. Estas innovaciones no solo abordan problemas ambientales urgentes, sino que esencialmente redefinen la forma en que construimos y habitamos nuestros espacios. En este artículo, destacamos 7 iniciativas que han convertido los residuos en ladrillos.

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Gent Waste Brick. Image Cortesia de Carmody Groark

Transformando algas invasoras en viviendas 

La invasión de algas marinas exóticas a lo largo de las costas mexicanas ha desencadenado esfuerzos comunitarios para limpiar las playas, ya que provocan mal olor y problemas respiratorios en la población. Omar Vázquez Sánchez, fundador de Blue-Green en Puerto Morelos, vio la oportunidad de reutilizar este recurso natural como material de construcción principal y, después de seis años de conceptualización y experimentación, construyó con éxito una casa utilizando algas marinas mezcladas con adobe.

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La incorporación del alga Sargassum ha demostrado una notable resiliencia, evidenciada por su capacidad para resistir las actividades sísmicas y los vientos huracanados, confirmada por pruebas realizadas por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Los sargablocks, resultantes de la combinación de algas con arena residual de otras construcciones, se obtienen triturando estos dos componentes principales: barro y algas. Una pequeña residencia, terminada en sólo 15 días, consumía un 50% menos de recursos que una vivienda social convencional, destacando especialmente por su alta inercia térmica y permitiendo que el calor acumulado durante el día se libere durante la noche. La idea del fundador es que este material de construcción tenga la capacidad de construir viviendas asequibles para personas de bajos ingresos, al mismo tiempo que sea adecuado para edificios de mayor nivel. De esta forma, se haría posible transformar un problema ambiental en una materia prima valiosa y verdaderamente sostenible.

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Residuos urbanos para la fachada de un museo

Para la renovación y ampliación del Design Museum Gent, un innovador proceso de reciclaje está transformando residuos de hormigón y vidrio rotos en ladrillos que cubrirán su fachada. El material supone sólo un tercio del carbono incorporado de un ladrillo tradicional, debido a que se obtienen sus componentes y no requiere quemado. Gent Waste Brick se utilizará en la fachada de la ampliación del museo, que fue diseñada por los arquitectos Carmody Groarke y desarrollada en asociación con TRANS Architectuur, los diseñadores de materiales BC Materials y Local Works Studio. Para ello, se creó un método para triturar materiales de desecho de la construcción combinados con cal, formando ladrillos secos y curados.

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Realizado principalmente de hormigón triturado, mampostería y vidrio de edificios demolidos, el bloque utiliza materiales recolectados principalmente dentro de un radio de alrededor de ocho kilómetros del museo. La cal utilizada como aglutinante en los ladrillos procede de una zona algo más lejana, pero sigue siendo de origen regional. Cuando se combinan dentro de un procesador móvil del tamaño de un contenedor de transporte, las materias primas se moldean en ladrillos que luego se someten a un proceso de curado en seco en el transcurso de 60 días. A diferencia de los ladrillos convencionales, que se cuecen en un horno una o incluso dos veces a altas temperaturas, Gent Waste Brick consume mucha menos energía. Además, absorbe carbono del aire durante su proceso de curado, secuestrando dióxido de carbono y volviéndose más resistente en el proceso. Durante una vida útil estimada de 60 años, cada ladrillo producirá un tercio de la cantidad de CO2 que un ladrillo convencional. Se utilizarán en el exterior de la ampliación del museo, que se espera que esté terminada en 2024.

Replanteando los residuos plásticos

En Nairobi, Nzambi Matee, una ingeniera keniata, lidera una iniciativa que revela el potencial sin explotar de los desechos plásticos. Su startup, Gjenge Makers, busca convertir el plástico desechado en ladrillos ecológicos altamente resistentes, rentables y con un impacto ambiental positivo. La convicción de Matee de que el plástico tiene valor nació al observar la enorme cantidad de residuos plásticos en vertederos y espacios públicos de su ciudad, Nairobi, una capital africana de rápido crecimiento que genera aproximadamente 500 toneladas de residuos plásticos al día, de las cuales menos del 10% se recicla.

La técnica desarrollada para transformarlos en un material de construcción combina plástico triturado con arena, formando una mezcla moldeable que, tras la exposición al calor, se convierte en un bloque robusto y ligero, con ventajas superiores a las del hormigón: los ladrillos sostenibles tienen una resistencia siete veces mayor, son más ligeros, económicamente viables y ecológicamente beneficiosos. Además, su producción cuesta hasta un 15 % menos y, debido a la naturaleza fibrosa del plástico, se eliminan las bolsas de aire durante el proceso de producción, lo que da como resultado una gran resistencia a la compresión y una mayor durabilidad. Su inspirador trabajo destaca el potencial transformador de la innovación sostenible para abordar los desafíos ambientales y sociales.

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Otro ejemplo procede de los Países Bajos, desarrollado por Precious Plastic. La innovadora solución de ladrillos reciclados aborda los desafíos de la contaminación plástica y la vivienda asequible. Si bien los desechos plásticos causan estragos en los océanos y la industria de la construcción contribuye significativamente a las emisiones de carbono, este ladrillo ofrece una alternativa económica y ecológicamente sostenible. Producido con máquinas de reciclaje de código abierto, cada ladrillo puede contener 1,5 kg de desechos plásticos y está diseñado para ensamblarse y encajarse fácilmente, lo que permite una construcción rápida, incluso por parte de constructores sin experiencia. Estos ladrillos tienen potencial para viviendas asequibles, refugios para desastres y edificios públicos, con énfasis en su adaptabilidad. Compartida en la plataforma de Precious Plastic como parte del movimiento #Openbrick, la iniciativa presenta un camino prometedor para abordar la contaminación plástica, promover la construcción sostenible y satisfacer las necesidades globales de vivienda.

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K-BRIQ®: pioneros de la economía circular en la construcción 

Del Reino Unido llega K-BRIQ®, producido por Kenotec, que busca redefinir la construcción sustentable. Se trata de un ladrillo para cercas producido a partir de materiales inertes reciclados en una alternativa baja en carbono a la mampostería tradicional, adaptable tanto para ambientes interiores como exteriores. En comparación con un ladrillo de arcilla convencional, este ladrillo tiene una huella de carbono inferior al 5% ya que no pasa por el proceso de cocción. Además, alrededor del 90% de su contenido proviene de residuos de construcción reciclados, y tampoco requiere el uso de cemento, otro villano de las emisiones de carbono. La unidad de construcción tiene un acabado de color que no requiere pintura ni tratamiento de superficie y tiene potencial para una gama de colores diferentes utilizando pigmentos reciclados. Las características de rendimiento y la «capacidad de construcción» de la unidad la hacen adecuada para la mayoría de las aplicaciones normalmente reservadas para productos tradicionales de ladrillo/cemento e históricamente inadecuadas para productos secados al aire.

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Certificado por la BBA y respaldado por una Declaración de Producto Ambiental, K-BRIQ® está disponible en una variedad de trece colores en stock, todos hechos a partir de pigmentos reciclados, y otros colores siendo posibles mediante mezclas. El producto se encuentra en sus etapas finales de certificación BBA en el Reino Unido, lo que permitirá su uso comercial a partir de finales del verano de 2023. Su declaración de producto ambiental (EPD) y su guía de diseño también estarán disponibles a finales de 2023, cuando la empresa espera entregar 3 millones de bloques.

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Utilizando residuos industriales

Rhino Bricks, iniciado por el empresario Manish Kothari, propietario y director general de Rhino Machines, ofrece una solución para fabricar ladrillos y utilizar residuos industriales. A diferencia de la cerámica convencional, que tiene un alto costo ambiental debido a su proceso de fabricación y a la contaminación del aire, estos productos están compuestos por un 75% de polvo de fundición y un 25% de plástico reciclado. El polvo fino de fundición, que antes no se podía utilizar, encuentra un nuevo uso como elemento crucial en estos ladrillos, mientras que el plástico reciclado actúa como un agente aglutinante eficaz, reemplazando la necesidad de agua en el proceso de fabricación y mejorando aún más los atributos ecológicos de los ladrillos. Los ladrillos Rhino son 2,5 veces más resistentes y un 25 % más ligeros que los ladrillos tradicionales y su composición única les permite soportar mayores presiones en comparación con los ladrillos de arcilla convencionales, manteniendo la integridad estructural incluso cuando se someten a perforaciones o divisiones. Además, su fabricación es muy rápida, estando listo para usar en tan solo 30 minutos desde su producción.

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La materia prima también puede proceder de lugares insólitos. Ellie Birkhead, graduada de la Academia de Diseño de Eindhoven, ha estado desarrollando ladrillos ecológicos a través de su proyecto «Construyendo lo local». Sus ladrillos se fabrican con arcilla mezclada con estiércol de caballo, botellas de vidrio de un pub, lana y ceniza de paja de una granja, cereales usados ​​de una cervecería y cabello de una peluquería. Sí, cabello humano. Su diseño revive el legado del ladrillo de Chiltern Hills, combatiendo el impacto de la globalización en las industrias locales. Al incorporar materiales específicos de la región, Birkhead fomenta el vínculo entre arquitectura, estética y cultura, revitalizando la artesanía. Su compromiso se hace eco de un llamado más amplio a salvaguardar las industrias y habilidades en peligro, destacando la urgencia de preservar el patrimonio en un mundo tan cambiante. ‘Construir localmente’ es un testimonio de la sostenibilidad creativa y el respeto por el patrimonio local, y nos guía hacia un futuro más consciente.