La Tierra está fuera de su “espacio operativo seguro para la humanidad”, según nuevo estudio

El clima, la biodiversidad, la tierra, el agua potable, la contaminación por nutrientes, las “nuevas” sustancias químicas (compuestos artificiales como los microplásticos y los residuos nucleares) de la Tierra están fuera de control, señaló un grupo de científicos internacionales a la revista Science Advances en su edición de esta semana.

En otras palabras, nuestro hermoso planeta azul está superando el “espacio operativo seguro para la humanidad” en seis de nueve mediciones clave de su salud, mientras que dos de las tres restantes evaluaciones van en la dirección contraria, según este nuevo estudio del Instituto de Investigación sobre el Impacto Climático, de Potsdam, Alemania.

Luis Hernán Schwaner

En él se resalta que sólo la acidez de los océanos, la salud del aire y la capa de ozono están dentro de los límites considerados seguros, en tanto la contaminación oceánica como la atmosférica van en dirección contraria, según el estudio.

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“Estamos en una muy mala situación”, afirmó Johan Rockstrom, coautor del estudio y director, acentuando que el análisis muestra que el planeta “está perdiendo poder de resistencia y el paciente está enfermo”. En 2009, Rockstrom y otros investigadores crearon nueve grandes zonas limítrofes diferentes y utilizaron mediciones científicas para hacer un diagnóstico sobre la salud de la Tierra en su conjunto. 

El estudio dado a conocer este miércoles es una actualización del presentado en 2015, añadiendo un sexto factor a la categoría de “insegura”: el agua. El líquido elemento pasó de ser “apenas segura” a la categoría de” fuera de límite” debido al empeoramiento de la erosión producida por corrientes de agua que rebalsan su cauce natural por lluvias desmedidas, fluyendo por la superficie e inundándolo todo. Pero ello también se debe gracias a la mejora de las mediciones y a la comprensión del problema, explica Rockstrom en la publicación de Science Advances.

Estos límites están “determinando el destino del planeta”, agrega el climatólogo, al confirmar que los nueve factores mencionados para medir la salud de la Tierra han sido “científicamente bien establecidos” por numerosos estudios externos. “Si la Tierra puede controlar estos nueve factores, podría estar relativamente a salvo. Pero no está siendo así”, aseveró.

En la mayoría de los casos, el equipo utiliza otros estudios revisados por colegas para crear umbrales mensurables para un límite de seguridad. Por ejemplo, utilizan 350 partes por millón de dióxido de carbono en el aire, en lugar de los 1,5 grados (2,7 grados Fahrenheit) de calentamiento global que se emplea desde el acuerdo climático de París. Este año, el carbono en el aire alcanzó un máximo de 424 partes por millón.

 Los nueve factores están entremezclados. Cuando el equipo utilizó simulaciones informáticas, comprobó que el empeoramiento de algún factor, por ejemplo el clima o la biodiversidad, provocaba la degradación de otros aspectos medioambientales de la Tierra, mientras que la corrección de uno ayudaba a los demás. Algo que para el coautor del estudio resultó ser como una prueba de estrés simulada para el planeta.

Estas simulaciones mostraron que uno de los medios más poderosos de que dispone la humanidad para combatir el cambio climático es limpiar las tierras y salvar los bosques, según el estudio. Tan sólo devolver los bosques a los niveles de finales del siglo XX. proporcionaría importantes reservas naturales para almacenar dióxido de carbono en lugar de dejarlo en el aire, donde atrapa el calor solar, señala el estudio.

La biodiversidad, es decir, la cantidad y los distintos tipos de especies vivas- se encuentra en uno de los momentos más críticos y preocupantes, sin recibir la atención que se presta a otros temas, como el cambio climático, dice Rockstrom. “La biodiversidad es fundamental para mantener intactos el ciclo del carbono y el ciclo del agua”, afirma, reiterando que “el mayor dolor de cabeza que tenemos hoy es la crisis climática y la crisis de la biodiversidad”.

Desde otro lugar del planeta, el decano de estudios medioambientales de la Universidad de Michigan, Jonathan Overpeck, que no participó en el estudio, comentó que éste era “profundamente inquietante por lo que implica para el planeta”, agregando que la gente debería estar preocupada”. “El análisis es equilibrado en el sentido de que activa una alarma roja intermitente, pero no es excesivamente alarmista”, dijo Overpeck. “Y lo que es más importante, hay esperanza”.

El hecho de que la capa de ozono sea el único factor de mejora demuestra que cuando el mundo y sus dirigentes deciden reconocer un problema y actuar al respecto, éste puede solucionarse y “en su mayor parte hay cosas que sabemos hacer” para mejorar los problemas restantes, afirmó por su parte Neil Donahue, profesor de química y medio ambiente de la Universidad Carnegie Mellon, respecto al estudio del Instituto alemán de Investigación sobre el Impacto Climático.

Algunos científicos especializados en biodiversidad, como Stuart Pimm, de la Universidad de Duke, en Estados Unidos y el profesor de ingeniería ambiental de Carnegie Mellon, Granger Morgan, coincidieron en afirmar que “los expertos no se ponen de acuerdo sobre dónde están exactamente los límites, ni sobre cuánto pueden interactuar los distintos sistemas del planeta… “pero nos estamos acercando peligrosamente”, señalaron.