La ONU propone un tratado para detener la contaminación por plásticos

La ONU publicó un borrador de lo que quizá se convierta en un acuerdo histórico para proteger la salud humana y el medio ambiente del plástico. Pero, por ahora, solo es un “quizá”.

Ante la incesante sucesión de catástrofes de este verano, desde las cúpulas de calor a los huracanes, pasando por la destrucción abrasadora de Lahaina, es posible que el desastre en cámara lenta de la contaminación por plásticos no sea lo primero en lo que pensemos. Pero las Naciones Unidas publicaron recientemente un “borrador cero”, o los principios para consideración, de lo que se convertiría en uno de los tratados más importantes jamás escritos: “el instrumento internacional jurídicamente vinculante sobre la contaminación por plásticos, incluso en el entorno marino”.

Aunque es eclipsada por el cambio climático, la contaminación por plásticos se ha convertido en una emergencia en toda regla, íntimamente ligada al calentamiento del planeta. Actualmente, la humanidad produce un billón de kilogramos de estos polímeros al año, dentro de un proceso intensivo en carbono, porque el plástico se fabrica con combustibles fósiles. Se espera que la producción se triplique para 2060. “Es un hecho demostrado que nuestra crisis mundial de contaminación por plásticos también contribuye a nuestra crisis climática mundial, y el creciente giro cada vez mayor hacia la inversión en la producción de plásticos en las próximas décadas por parte de la industria petroquímica es muy preocupante”, declara Nick Mallos, vicepresidente de conservación de Ocean Conservancy, que se centra en los plásticos en los océanos y participó en las negociaciones.

Toma submarina de varios plsticos flotando en el ocano

Combatir la contaminación por plásticos mediante un acuerdo internacional

En la actualidad, la tasa de reciclaje en Estados Unidos es del 5%, de acuerdo con The Guardian, un fracaso lamentable y un esfuerzo que la industria del plástico siempre supo que resultaría ineficaz. En su lugar, la inmensa mayoría del plástico se deposita en vertederos, se incinera o se libera en el medio ambiente. Los microplásticos se desprenden de objetos cotidianos, como la ropa, las botellas y las bolsas rotas. Hoy, estas diminutas partículas han contaminado nuestros cuerpos y todos los rincones del planeta, desde los océanos más profundos hasta las montañas más altas.

El borrador del tratado es un conjunto de intervenciones que se ponen sobre la mesa durante las negociaciones de la ONU; se espera que se prolonguen hasta 2024 y en ellas intervienen expertos y representantes de unos 150 países. Por tanto, este documento dista mucho de ser un producto final. Enumera dos posibles objetivos: “proteger la salud humana y el medio ambiente de la contaminación por plásticos” o “acabar con la contaminación por plásticos”. El segundo es más ambicioso, mientras que el primero es menos concluyente.

Cabe esperar que estas distinciones de objetivos se vuelvan polémicas. “Las negociaciones están bastante polarizadas en estos momentos”, señala David Azoulay, director de salud medioambiental del Centro para el Derecho Internacional Ambiental, que es parte de las conversaciones. “Hay un grupo mayor de países que persiguen una ambición [más grande para afrontar el problema]. Y otro número menor de naciones que se empeñan en impedir que este tratado cumpla las promesas del mandato que se le dio de acabar con la contaminación por plásticos en todo su ciclo de vida”. Estas implican abordar el recorrido del material desde su fabricación hasta su eliminación, no solo su filtración al medio ambiente una vez desechado.

A los negociadores les preocupa que este tratado siga el camino del Acuerdo de París, en el que los países establecieron una meta para todo el planeta de evitar que las temperaturas subieran más de 1.5 grados centígrados por encima de los niveles de la época preindustrial, pero se les permitió fijar sus propios objetivos de reducción de emisiones. Las naciones que no los cumplan podrían ser ser objeto de vergüenza pública, pero no serán llevadas ante un tribunal internacional. Y si los países aplican límites estrictos, las industrias contaminantes simplemente se trasladarían a otros lugares.

Del mismo modo, el tratado sobre los plásticos permitiría a los países fijar sus propios objetivos de reducción en la producción. “En el peor de los casos, si no se llega a un consenso, existe el riesgo de que obtengamos un acuerdo limitado, totalmente voluntario, cuya aplicación se deje en manos de los Estados miembros, o de que las negociaciones se prolonguen durante años”, refiere Mallos. Cree que se deberían establecer objetivos específicos que reduzcan la producción por volumen o porcentaje. Por ejemplo, Ocean Conservancy pide que se disminuya a la mitad la fabricación de plásticos de un solo uso para el año 2050, como mínimo.

También es importante recordar que el plástico es un material tóxico hecho de sustancias químicas que, por sí mismas, necesitan una reglamentación. El polímero PVC es particularmente nocivo, al igual que las sustancias químicas que lo componen. Por ejemplo, el tren que se descarriló en Ohio en febrero transportaba cloruro de vinilo, que se convierte en cloruro de polivinilo y está asociado al linfoma, la leucemia y otros tipos de cáncer, según el Instituto Nacional del Cáncer de EE UU. “Existen más de 13,000 sustancias químicas asociadas a los plásticos, de las cuales alrededor de una cuarta parte se han clasificado como peligrosas”, indica Melanie Bergmann, investigadora sobre plásticos del Instituto Alfred Wegener (Alemania), que asiste a las negociaciones. “Esta diversidad en la composición química de los productos plásticos es una de las diferentes razones que impiden una circulación segura, y es urgente abordarla”.

Bergmann y otros científicos han pedido que el tratado contemple estos componentes químicos, por ejemplo, eliminando progresivamente aquellos particularmente tóxicos. El borrador cero presenta diferentes técnicas para erradicar sustancias químicas individuales o grupos enteros de ellas. “Nos alegra que el borrador, en sus distintas posibilidades, reconozca la relevancia de las sustancias químicas y su impacto en la gestión de los plásticos”, opina Vito Buonsante, asesor técnico y político de la Red Internacional de Eliminación de Contaminantes, presente en las negociaciones. “Se trata de reconocer un poco más de madurez en la comprensión de lo que son los plásticos”, agrega.

Los microplásticos también aparecen varias veces en el borrador. Los científicos los definen como trozos de menos de cinco milímetros, aproximadamente la anchura de la goma de borrar de un lápiz. El documento reconoce los problemas que causan y presenta alternativas para eliminar los “microplásticos añadidos de forma deliberada”, como las microperlas de los lavados faciales. Pero los “microplásticos secundarios”, los que se descomponen de botellas y bolsas más grandes, siguen siendo un problema enormemente complicado de solucionar. Llegan al medio ambiente de todas las formas posibles, desde las aguas residuales de las lavadoras hasta los vertidos de las autopistas; las partículas que se desprenden de los neumáticos de los vehículos desembocan en los ríos y matan a los peces.

“El borrador cero no iba suficientemente lejos en lo que se refiere a los microplásticos secundarios”, declara Mallos. “Esperamos que se añadan más detalles sobre la prevención de este tipo de microplásticos, ya que representan la gran mayoría de los que encontramos en el océano y el medio ambiente”.

Menos plástico nuevo en el planeta

El borrador también establece opciones para administrar mejor los sistemas de reutilización y reposición, sin dejar de promover mayores tasas de reciclaje. Es previsible que este sea otro punto conflictivo a medida que se desarrollen las negociaciones: en las últimas décadas, la industria del plástico ha impulsado el reciclaje como excusa para producir exponencialmente más de este material, o ha exagerado alternativas como los plásticos biológicos fabricados a partir de plantas. Un representante de la Asociación de la Industria del Plástico de EE UU no respondió a las peticiones de WIRED para comentar sobre el documento.

Pero si el reciclaje funcionara como es debido, no se tendría que producir tanto material virgen: podríamos mantener en circulación el material existente. Por eso, para los expertos en contaminación, el objetivo final de estas negociaciones será poner un tope a la creación de plástico. “Se trata de una oportunidad única para enderezar el rumbo y trazar una ruta hacia un futuro en el que no nos ahoguemos en plásticos”, destaca Mallos. “La salud de nuestro océano y nuestras vidas humanas dependerán de ello”.

Por el momento, Azoulay considera que el borrador cero es un paso en la dirección correcta. “Sigue incluyendo alternativas que harían de este un instrumento totalmente voluntario y probablemente inútil, pero también contiene medidas posiblemente sólidas en torno a la reducción de la producción y a la eliminación de los tóxicos del proceso”, subraya. «Miro atrás hace unos años, cuando empezamos a debatir esta cuestión a nivel internacional, y esto era impensable. Este borrador no dice mucho sobre cómo será el tratado final, pero sí en cuanto a cómo la comunidad mundial reconoce cuál es el problema».

Artículo publicado originalmente en WIRED. Adaptado por Andrei Osornio